CUENTO: Será para bien

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CUENTO: “Será para bien”

El primer ministro del rey era un hombre de visión clara y gran ecuanimidad. El rey, por eso mismo tenía una enorme confianza en él. A menudo el ministro decía ante un acontecimiento o circunstancia: será para bien. Pero he aquí un día el rey estaba utilizando un cuchillo y se rebanó por completo uno de los  dedos de la mano. El ministro, que en ese momento estaba presente, declaró sin perder la calma:

– será para bien .

será para bienEl monarca montó en cólera. ¿Cómo podía ser para bien que se hubiera quedado sin un dedo? y así mutilado para siempre? Indignado y decepcionado, el monarca ordenó que metiesen en la cárcel al primer ministro. El ministro dijo:

será para bien .

Días después el reino fue conquistado por un reino vecino. El monarca del reino invasor ordenó a los sacerdotes que sacrificasen al monarca en honor a los dioses. Iban a inmolarlo cuando descubrieron que le faltaba un dedo, por lo que tuvieron que desistir del sacrificio ritual, puesto que no se puede sacrificar a los dioses un cuerpo imperfecto. Entonces el monarca vencedor dijo:

-en tal caso, sacerdotes, sacrificad al primer ministro.

Pero como el primer ministro estaba en prisión, nadie logró dar con su paradero. Pasadas unas semanas, fuerzas leales al monarca destronado reconquistaron el reino. Entonces el rey se dio cuenta de que su primer ministro había tenido razón. Gracias a su mano mutilada y a que el ministro estaba encarcelado, ambos habían salvado sus respectivas vidas. El rey llamó al ministro y le abrazó. El ministro dijo:

-majestad, todo es tan contingente, tan inestable, que he decidido dedicar el resto de mi vida a la práctica de meditación y la búsqueda de lo Sublime.

El monarca dijo:

será para bien .

El ministro repuso satisfecho:

– habéis aprendido la lección.

Reflexión:

A menudo en el momento en que nos suceden los acontecimientos carecemos de perspectiva y sagacidad para saber si realmente son buenos o malos, favorables o desfavorables, porque pueden resultar placenteros y a la larga ingratos, o viceversa. Con el paso del tiempo nos damos cuenta de que muchas veces lo que parecía una bendición en nuestras vidas se ha tornado una maldición y lo que nos parecía una maldición se ha vuelto una bendición. Por ello es necesaria la ecuanimidad una vez más, para evitar actitudes desmesuradas de euforia o abatimiento, cuando en realidad muchas veces no vamos a saber hasta pasado el tiempo si el veneno era néctar o el néctar se ha vuelto un veneno. La paciencia, la visión clara y la ecuanimidad son siempre aliados excelentes para el discurrir cotidiano.

NAMASTÉ

Mª Pilar Gonzalez, EL FARO

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