EL TERAPEUTA

natacion

En primer lugar agradezco la confianza que ha tenido mi gran amigo Javier en darme la oportunidad de escribir unas líneas en su blog. Cuando me lo ofreció me pidió que hablara de la relación que existe entre el terapeuta y su cliente. Pues bien, voy a contar una pequeña historia que demuestra cómo debe ser un terapeuta.

 

Hace unos años Javier atendió la llamada de una persona, Marcos, que solicitaba a un profesional de la natación para que le preparara la prueba física de la piscina para poder aprobar una oposición. Quedaron en una piscina y Javier comprobó los conocimientos y destrezas acuáticas de Marcos para comenzar la preparación.

 

Javier disponía de cuatro meses. Sabía que el reto era importante puesto que Marcos se defendía, a medias, en el medio acuático, no avanzaba grandes distancias y se agotaba con rapidez, todo esto aderezado con ciertos “miedos” hacia el agua que no sabía muy bien de donde procedían y que le restaban seguridad a la hora de enfrentar dicha tarea.

 

Quedaban los viernes tarde, fines de semana (sábado y domingo por la mañana). Javier escuchó con gran atención sus demandas, sus miedos y le enseñó, progresivamente y con paciencia, la respiración acuática y a coordinar el movimiento de los brazos con la respiración en los estilos de braza y libre o crol.

 

A medida que iban pasando las semanas Marcos mejoraba en resistencia y propulsión, pero a dos meses de las pruebas físicas de la oposición, Marcos se desesperó. Su monitor y terapeuta se vio totalmente desbordado y le aconsejó que fuera a verme a mi consulta. Dicho y hecho, al fin de semana siguiente Marcos me contó sus proyectos e ilusiones siendo su última oportunidad ya que en meses cumpliría la edad máxima para poder optar a un puesto de trabajo en caso de aprobar la oposición. Me contó también la relación profesional que estaba teniendo con Javier. El consejo que le di fue que estaba en muy buenas manos y que hiciera caso de todo lo que le inculcara Javier.

 

Cuando Marcos nadaba como le habían enseñado en cursos anteriores se fatigaba muchísimo y en vez de avanzar hacia delante retrocedía. Poco a poco Javier le fue inculcando el estilo de la rana o braza con el fin de enseñarle la técnica de ese estilo ya que en el crol había primeramente que corregir defectos. Todo esto hizo que Marcos fuera progresando y que a la vez, claro está, ganara confianza en sí mismo lo que hacia que su autoestima mejorara. En una palabra se sentía capaz de superar sus miedos y de conseguir lo que llevaba tiempo deseando.

 

Días más tarde, enterado el monitor- “terapeuta” de la visita que yo había recibido, me llamó por teléfono para saber qué pauta debería seguir para llevar a buen término el buen desarrollo de la prueba acuática opositora. Le comenté lo que le había dicho y a él le aconsejé que siguiera con el mismo plan de trabajo porque, en esos momentos, él era su monitor, su  “terapeuta”…, en fin, que era todo para su alumno.

 

Está claro que Javier no era un terapeuta en el sentido clínico, pero si podemos observar que en la relación que estableció con su cliente, había características de los componentes que deben formar parte de una alianza terapéutica: empatíaconfianzavínculo emocional positivo entre cliente y terapeuta, acuerdo mutuo sobre las metas de la intervenciónacuerdo mutuo sobre los métodos empleados y algo sumamente importante, que de verdad te interese la persona que tienes delante; en este sentido Marcos sentía que, por primera vez le importaba a su monitor y que este realmente, le escuchaba, le motivaba..

 

Goldstein y Myers (1986) definen una relación terapéutica o positiva como sentimientos de agrado, respeto y confianza por parte del cliente hacia el terapeuta combinados con sentimientos similares de parte de este hacia el cliente.

 

Esta relación es muy importante ya que, cuanto mejor sea, mayor confianza, colaboración y participación encontraremos por parte de nuestro cliente, en este sentido forman un equipo al que les une objetivos comunes.

 

Para acabar cito textualmente un párrafo que el psiquiatra y psicoterapeuta François Lelord escribe en su libro “El viaje de Hector o el secreto de la felicidad”:

Hector tenía muchos pacientes no sólo porque parecía un psiquiatra de verdad, sino porque poseía un secreto que sólo conocen los buenos médicos y no se aprende en la facultad de Medicina: la personas le interesaban de verdad. 

 

por Ana García (Psicólogo)

 

Desde muy joven el mundo del masaje me llamó la atención. Hasta 1996 alterné mi trabajo en la administración con mi pasión por el mundo del masaje. A partir de este año me lanzo a la aventura profesionalizando mi afición. Soy consciente de formación continua y es por ello que he realizado cursos que engloban esta profesión y otras terapias alternativas.

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